Integración... Inclusión...

CONVIVENCIA

Integración… Inclusión… CONVIVENCIA

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     A raíz de este texto escrito en Facebook, en respuesta a un post que hablaba sobre el trabajo por una inclusión verdadera, decido redactar en un artículo propio, aunque sea breve, las impresiones que me causa “la inclusión”. (Ese texto lo publiqué yo misma.)

 

     Hace más de 15 años comencé a trabajar de maestra. Entonces era profesora de educación especial. Pronto cambiaron el nombre de mi aula y pasó a llamarse aula de apoyo a la integración. Más tarde, me denominaron maestra de PT (pedagogía terapéutica), que se encarga de los alumnos con neae. Este término también ha ido modificándose a lo largo de los años. Quién sabe como me llamarán mañana, quién sabe cómo denominarán a los alumnos que debo atender…

     Desde aquel septiembre de 2002, mes en que soy la titular de un aula de apoyo a la integración, habiendo trabajado en años anteriores en aulas ordinarias, dedico mi tiempo a la integración de alumnos con necesidades educativas… entonces integración, ahora inclusión… esperemos que, en un futuro, se hable sólo de convivencia.

     Comprendo y entiendo que la educación es cosa de todos, sin embargo, ese “todos” no es real, dato que dificulta mejorar el sistema, pues si la unión hace la fuerza, ahora entiendo por qué esa fuerza está ausente aún entre los que pertenecemos a la enseñanza, entre los que formamos parte del sistema educativo español (entre los que incluiría a los padres de los alumnos, gran factor educativo… principal, diría yo).

     Es imposible llevar a cabo esa inclusión, permítanme llamarla, desde ahora, convivencia, porque hay que remar en el mismo sentido y actualmente existen remeros por proa y por estribor.

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     Es literalmente absurdo hablar de escuela inclusiva, no tendría que necesitar esa compañía. La escuela es diversa en sí misma, el mundo lo es, por tanto, la inclusividad… la convivencia forma parte de su definición.

 

Si hay una escuela que no sea inclusiva, no se la puede llamar escuela, y mucho menos, educación. Sería como decir que una persona no es un ser humano o, como muchos dicen, persona humana… redundante, ¿no?

¿Qué tenemos ahora?

     En la actualidad existe el aula de PT, un aula donde se atiende a los alumnos con neae. Es este aula la que deben calificar como un aula más, algo natural, cotidiano, tan mimetizado con el día a día como el gimnasio al que van a hacer educación física o como las aulas destinadas a los desdobles.

     Evidentemente, una educación utópica y perfecta, en mi opinión, requiere aulas diversas, con alumnos con cualquier tipo de necesidad, así como la sociedad se les presenta: variable, diferente, una sociedad en convivencia. Dentro de ese aula, los niveles se suceden, el trabajo cooperativo aumenta y se aplica a cada alumno aquello que necesita; sin olvidar el grupo, el equipo que forma con el resto de personas con las que convive.

     Por propia experiencia, sé que funciona. Atender a alumnos con capacidades diferentes es más enriquecedor que perjudicial… bueno, en realidad, de perjudicial no tiene nada. Aprenden a ser TOLERANTES, a aceptar a TODOS (sean como sean, sean quienes sean…), a RESPETAR a todos y a todo… APRENDEN por sí mismos, aprenden a SER…

     Sin embargo, para que todo esto sea real y constante, hace falta mucho camino aún: una ratio menor en las aulas, profesores formados, menores exigencias administrativas o mayor tiempo para desempeñarlas, profesores de vocación…

Ya hay maestros en marcha, pero nos está costando tanto… que cuanto más difícil, más razón para seguir.

Ya nos lo dijo Machado

 

“CAMINANTE NO HAY CAMINO,

 

SE HACE CAMINO AL ANDAR…”

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