LAS NECESIDADES EDUCATIVAS ESPECIALES

NO EXISTEN

“Las Necesidades Educativas Especiales NO Existen”

 
¿Podríamos demostrar con este artículo que las necesidades educativas especiales no existen? Adjunto un vídeo en el que se ha basado para coartar la teoría, una teoría que nace de la curiosidad, no va más allá de un comentario sin más. ¿Y si así fuera…?
 
 poruna

Como dicen que promulgó Einstein un día, no existe el frío según las leyes de la física. El frío no es más que la ausencia de calor. No existe la oscuridad como tal, ella es el resultado de la ausencia de luz. La oscuridad es un término que ha inventado el hombre para describir lo que pasa cuando no hay presencia de luz…
 
¿Entonces existen las necesidades educativas especiales? Quizás no existan como tal. Desgraciadamente podría ser el término que se ha inventado para describir las situaciones donde no hay atención educativa adecuada. Cuanta más desatención o atención equivocada, más necesidades. Existen alumnos con mayor o menor capacidad para determinadas áreas, existen alumnos con afecciones que les dificultan el aprendizaje de algunos conceptos… Cuanto mayores sean esas dificultades, mayor será la inadaptación del sistema educativo. Este sistema educativo del que hablamos está estandarizado, todo está hecho a medida de “lo que debe ser” y no de “lo que realmente es”.
 
Tenemos un mundo diverso, las diferencias son protagonistas, no la uniformidad y parece que muchos de sus habitantes quieren y necesitan que todo se iguale…
 
No deberían darse situaciones de oscuridad, no deberían culpar al alumno por sus capacidades, si no al transmisor o legislador por sus interferencias.
¿Necesitan en el Caribe calefacción, abrigos y bufandas en invierno? ¿Necesitan en Noruega abanicos todo el año?
 
Si se hace de noche y la oscuridad impera, si la luz descansa y mis ojos no ven, pues enciendo la lámpara, la necesito. Si se hace de día y reluce el sol, la lámpara no me hará falta. No está en mis ojos el problema, no necesitan nada especial cuando oscurece… sólo hay que encender la luz. Pero si en mis ojos existe algún tipo de afección que no me permita ver aún cuando haya luz, entonces necesitaré algún material adicional que me ayude a seguir, tendré dificultades, provocaré necesidades si esas recursos no existen o no están a mi alcance, que se convertirán en especiales si es una minoría la que necesita lo mismo que yo.
 
Si hace frío un 12 de enero, y hace calor un 9 de agosto… no he de cambiar mi cuerpo, no está en él el problema… sólo hay que adaptar la ropa, cerrar o airear el local, calentar o refrescar con agua…
 
Pues si un alumno no aprende a leer a los cinco-seis años, “como se supone debe hacer la mayoría a esa edad, en su clase a la vez que todos los demás”… o sabe leer perfectamente a los casi 4 años de edad, quizás el problema no esté en él, sino en esta programación estática y sistema uniformado que hacen de lo diferente una etiqueta, un estigma, un desahucio, un problema, una carga… Si no adquiere la lectura por tener mayores dificultades o sabe leer perfectamente, necesita otro tipo de metodología, necesita quizás otra temporalización, otros recursos, otro ambiente que no es el común ni el general… y si no lo tiene, se convierte en una necesidad educativa especial. Siempre hay necesidades…, pero se convierten en especiales cuando se apartan de la “normalidad”. La necesidad es algo innato, hay que estar preparados para afrontarla.
 
 
En honor a nuestro protagonista (Einstein) podríamos decir que la teoría de la relatividad tiene mucho que ver en esto también. Con la teoría de la relatividad, la humanidad entendió que lo que hasta ahora había dado por sentado que era una constante, el tiempo, era en realidad una variable. Y no sólo eso, sino que el espacio también lo era y que ambos dependían, en una nueva conjunción espacio-tiempo, de la velocidad.
Traduzcámoslo al sistema educativo: lo que hasta ahora era una constante, la educación en las aulas, en realidad es una variable. Y no sólo eso, sino que los alumnos también lo eran y que ambos dependían, en una nueva conjugación aulas-alumnos, de la sociedad del momento.
 
Pero demos algo de luz a todo esto. Parece que vamos viendo caminos abiertos a la diversidad, vamos diferenciando colores sin preferir ninguno, van asumiendo la ropa de cada época, la iluminación en cada ambiente, el trabajo en cada aula. Cada vez hay más luces encendidas, más ventiladores en agosto y más calefacción en invierno; cada vez hay más cooperativo, más ABP, más profesores involucrados en la implantación de un sistema lleno de farolas para que nadie pueda decir que es imposible ver nada.
Sin embargo, falta mucho aún… faltan las leyes, faltan los acuerdos, faltan los detalles, también faltan ganas… Da igual el término que utilicemos… ¿queremos llamar necesidades educativas especiales a ese trabajo extra que hay que hacer para que aprendan niños con distintas afecciones, para que aprendan niños que no pertenecen a la mayoría?
 
Pues llamemosla así, no me importa, de alguna forma hay que llamar a “la oscuridad”. Lo que sí me importa es que se paralicen las disposiciones de muchos maestros entregados para convertir esas necesidades educativas especiales en un factor más del aula por el que hay que trabajar; maestros que convierten esas necesidades en algo común pero a su vez diferente; maestros que combinan la luz blanca, con luces de distintos colores…
 
 
ENCENDAMOS, pues, LAS LUCES, busquemos el sol, iluminemos la noche, y si aún no podemos ver, resaltemos las estrellas
 

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